El agroturismo y hotel con encanto Can Planells, se emplaza en una verdadera casa ibicenca y su finca, situada en las proximidades del pueblo de Sant Miquel de Balansat perteneciente al municipio de Sant Joan de Labritja, al norte de la isla.

Las casas ibicencas son pura sencillez. Una arquitectura sobria que se ha servido de la sabiduría tradicional y se ha ido transmitiendo de padres a hijos, persiguiendo, antaño, la subsistencia y practicidad.

El origen de las casas ibicencas, conocidas popularmente como “casas payesas”, se supone que tienen su origen en la cultura púnica, aunque se puede constatar visiblemente influencias árabes.

Antiguamente, cuando se edificaba una nueva construcción, los ibicencos seguían una rigurosa planificación. La casa debía estar situada en una superficie elevada, para evitar humedades y lluvias torrenciales, con una leve inclinación dejando la montaña a su espalda, así quedaba protegida de los vientos del norte. La entrada siempre mira al sur, para percibir continuamente la luz y los rayos del sol asistidas por sus gruesas paredes, hacen que las casas conserven una temperatura fresca en verano y cálida en invierno.

Una arquitectura sencilla, de planta rectangular y líneas rectas que se iniciaba con un espacio principal, a la que se le iba anexando otras estancias según las necesidades; habitaciones, cocinas, almacenes o dependencias agrarias. Techos cubiertos con vigas de sabina y el tejado llano para recaudar el agua de lluvia que era canalizada a una cisterna para su consumo.

Las paredes son anchas y encaladas, a veces los muros se exhiben desnudos exponiendo la piedra acompañadas por pequeñas ventanas de colores, más estrechas en la parte exterior que la interior emulando una fortaleza. Arcos en los porches (porxo o porxet), una gran puerta principal de madera y una fachada orientada al sur.

Alrededor de la finca, siempre un paisaje colmado de campos de cultivos, dispuestos en bancales y muros de piedra tan característicos de los campos en Ibiza.

Can Planells mantiene estos trazos de autenticidad y tradición arquitectónicas ibicencas, a los que suma todo tipo de comodidad que un alojamiento del siglo XXI de calidad se merece. Como podría ser su bonita piscina con un amplio solarium equipado de mobiliario muy confortable y actual, o su agradable terraza exterior donde se sirven los desayunos. Sin duda, la fachada es uno de los principales atractivos de la casa, coloreada de colores ocres que recuerdan las tierras rojas de los campos ibicencos. Arquitectura tradicional ibicenca, en plena naturaleza, con vistas a los valles de Sant Miquel. Ibiza auténtica.